Hay rincones en el mundo que se construyen para resistir el tiempo; otros nacen para acoger el alma humana. Durante más de un siglo, el imponente edificio neoclásico del Paseo de Pereda —el mismo que los santanderinos apodan cariñosamente «Las Gafas» debido a su simetría gemela— funcionó bajo una máxima inquebrantable: proteger el secreto
Editorial | autor: Ignacio Benítez
Tras su imponente arco, inaugurado a mediados del siglo pasado, latía el corazón financiero del norte, un laberinto silencioso dotado de despachos solemnes, dobles puertas de madera noble y cerraduras que resguardaban la sobria discreción del capital. Pero la historia tiene formas poéticas de saldar sus deudas con las ciudades. Este lunes 7 de septiembre de 2026, las pesadas puertas coloniales se abrieron de par en par, y aquellos muros concebidos para el aislamiento dejaron entrar el viento salino de la bahía y el murmullo asombrado del pueblo. El antiguo búnker financiero ha muerto para dar vida a Faro Santander, un impresionante centro de arte, cultura y tecnología que promete redefinir para siempre la identidad del norte de España.
La reinvención no ha corrido a cargo de un trazo cualquiera. Ha sido el arquitecto británico David Chipperfield, galardonado con el prestigioso premio Pritzker, el encargado de obrar el milagro. Quien recorra hoy su vestíbulo principal sentirá un escalofrío que no pertenece al frío cantábrico, sino a la vibración del espacio. Chipperfield ha horadado la rigidez de antaño mediante una magistral escalera helicoidal de hormigón que se eleva hacia los cielos del edificio como el caracol de un faro mítico, invitando a la luz natural a bañar lo que antes permanecía en la penumbra. Al cruzar el umbral, el visitante se topa con un reencuentro que sintetiza cinco siglos de creación humana: un monumental óleo de Pedro Pablo Rubens dialoga cara a cara con la abstracción matérica de Antoni Tàpies, flanqueados por la desgarradora geometría de Ángela de la Cruz y la delicadeza eterna de la pintora santanderina María Blanchard. Es un manifiesto sin palabras: el arte ya no le pertenece a unos pocos elegidos; le pertenece a los ojos de cualquiera que decida detenerse a respirarlo.
El viaje emocional alcanza su cénit conforme se asciende por las plantas temáticas dispuestas por la comisaria María Dolores Jiménez Blanco. La gran joya que corona esta inauguración es el desembarco temporal de la célebre Colección Gelman, un préstamo extraordinario que conecta los acantilados cántabros con el misticismo ardiente de México. Ver el lienzo Diego en mi pensamiento de Frida Kahlo colgado a escasos metros del mar Cantábrico provoca una colisión de nostalgias inusitada. En esa misma sala late el regreso de Leonora Carrington con su obra Villa Pilar, un óleo pintado precisamente durante el doloroso internamiento de la artista surrealista en un sanatorio de Santander en 1940, rescatado del olvido en el trastero de una vivienda de Chicago. Ver esa obra volver a la ciudad que la vio nacer del sufrimiento es justicia poética; es el arte regresando a casa para curar sus propias cicatrices.
Pero Faro Santander no olvida de dónde viene. En su planta baja, el denominado "Espacio Cubo" ofrece una experiencia inmersiva digital en la que la tecnología rinde tributo a la memoria colectiva del banco y de los propios ciudadanos que levantaron la capital. Y en lo más alto, donde el edificio besa las nubes, se despliega la azotea acristalada y el restaurante Lumen. Desde este mirador de 360 grados, la bahía de Santander se revela en toda su inmensidad, trazando un triángulo cultural perfecto junto al vecino Centro Botín y la futura sede de la Colección Lafuente.
Si deseas ser testigo de cómo la arquitectura y el sentimiento transforman el cemento en poesía visual, puedes consultar todos los detalles sobre exposiciones, horarios y reservas directamente en la Web Oficial de Faro Santander o conocer las actividades pedagógicas a través de la Fundación Banco Santander. El faro ya ha encendido su linterna en el Paseo de Pereda; ahora solo falta que te dejes guiar por su luz.
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