Juguetes Reales, del 16 de diciembre de 2025 al 05 de abril de 2026 en la Galería de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional
La exposición Juguetes Reales reúne objetos relacionados con el ocio y el aprendizaje que formaron parte de la infancia de la monarquía española entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del XX. Reconstruir la vida cotidiana de épocas pasadas no siempre es sencillo, sobre todo en lo que respecta a la esfera de lo íntimo. Sin embargo, a través de fotografías, cartas, diarios y las piezas conservadas podemos aproximarnos a ella y extraer conclusiones sobre el uso que se les dio.
Esta muestra brinda la oportunidad de descubrir piezas de Patrimonio Nacional quizá poco conocidas que, al tratarse de objetos reconocibles y cercanos, facilitan una aproximación a la vida cotidiana de la infancia real.
Los príncipes y las infantas de España que habitaron el Palacio Real de Madrid entre 1850 y 1931 se divirtieron con juguetes de variada naturaleza: muñecos, juegos de mesa y de aprendizaje, instrumentos ópticos, equipos deportivos... Su uso, en algunas ocasiones, trascendió el mero hecho de jugar. La documentación histórica asegura que se emplearon también en la organización de tómbolas o eventos benéficos, en los que se implicaron, especialmente, las mujeres de la Casa Real.
Cuando en abril de 1931 se declaró la II República y los reyes Alfonso XIII (1886 – 1941) y Victoria Eugenia (1887 – 1969) partieron al exilio, algunos de los juguetes que pertenecieron a sus hijos o a sus antepasados se quedaron en las estancias privadas de Palacio, y fueron reflejados en un inventario. La prensa de la época resaltaba que no eran «muchos, ni muy lujosos».
El Gobierno de la República decidió conservar algunos de estos objetos, «dignos por su mérito de pasar a un museo». El resto se ofreció al Ayuntamiento de Madrid, quien organizó un acto de donación el día de Reyes de 1933, en el espacio de las antiguas Caballerizas Reales. Los juegos y juguetes que se conservaron en las Colecciones Reales sirven hoy como testimonio de toda esta historia.
La "Nursery" del Palacio Real y sus juguetes
Las fotografías conservadas en el Archivo General de Palacio muestran las habitaciones destinadas a los hijos de Alfonso XIII y Victoria Eugenia llenas de juguetes. Estos espacios infantiles, dotados de boiseries de color blanco decoradas con cenefas de papel pintado, y amueblados con mesas y sillas de pequeño tamaño, aún se conservan en la actualidad. Están situados en la entreplanta del Ala de San Gil, comunicados directamente con las habitaciones de los reyes, que ocupaban la planta principal.
Entre los juguetes que se pueden ver en dichas fotografías se observan muñecas o juegos de té, que favorecían la imaginación y la preparación para la vida adulta. También mecanos, que se vinculaban con el desarrollo de la creatividad; andadores o correpasillos, para favorecer la motricidad; y autómatas, con movimiento y sonido. También se disponía en estas habitaciones de libros infantiles, como el conocido Ratón Pérez: cuento infantil, escrito por el padre Luis Coloma (1851-1915) y dedicado a Alfonso XIII niño.
Algunos de estos objetos fueron producidos y adquiridos en Francia o Reino Unido; otros eran comprados en «quincallerías», bazares y almacenes españoles: Schropp, Juan Medel o Refrescos Ingleses fueron establecimientos proveedores de juegos y juguetes para la familia real.
Aprender jugando
En la búsqueda de la mejor instrucción para príncipes e infantes, durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, los reyes de España reunieron objetos que suponen modelos únicos y que se usaron en el proceso formativo de los miembros más jóvenes de la familia real. Algunos de ellos estaban pensados como elementos dinámicos y manipulables, que facilitasen la tarea del aprendizaje y la convirtiesen en un entretenimiento. Es el caso del estuche didáctico creado para el futuro rey Alfonso XII (1857 – 1885) o el juego Leer jugando, que José Roca y Ruscalleda dedicó a Alfonso XIII.
Precisamente José Roca y Ruscalleda, autor de diversas publicaciones didácticas editadas a finales del siglo XIX, formuló en una de ellas, de la siguiente manera, la capacidad que tiene el juego para favorecer el aprendizaje: «¿No es el juego el estímulo que con más eficacia puede atraer a nuestros discipulitos?»
En los inventarios de las Colecciones Reales del siglo XIX se cita también la existencia de objetos «instructivos», como un juego de estereometría para el aprendizaje de la Geometría, un globo terrestre o una esfera armilar, algunos de los cuales pueden contemplarse en esta exposición.
Juegos ópticos y sonoros
Desde la segunda mitad del siglo XIX, juegos de variada tipología, relacionados con la óptica y el sonido, tuvieron un importante papel en el ocio infantil. La monarquía española, algunos de cuyos miembros ya habían mostrado interés en los aparatos ópticos en décadas anteriores, no fue ajena a este fenómeno.
El auge de este tipo de divertimentos coincide con el desarrollo de las investigaciones sobre la «persistencia de la visión», basada en la evidencia de que las imágenes permanecen en la retina décimas de segundos antes de desaparecer; si se produce el movimiento de varias imágenes en un segundo, la persistencia de la visión hace que el cerebro las perciba en movimiento. Es esta la premisa que siguen aparatos conservados en las Colecciones Reales, como el praxinoscopio. Estos objetos, antecedentes del cine, solían usarse en estancias oscuras con una única fuente de iluminación, por lo que estos ambientes teatralizados y evocadores, acompañados de música y sonidos, solían hacer las delicias infantiles.
Junto a praxinoscopios y linternas mágicas, otros ingenios que se muestran en esta exposición, como el estereoscopio, permitían crear la apariencia de tridimensionalidad en una imagen que en realidad son dos, tomadas con ligera desviación.
Ocio al aire libre
Los espacios verdes que rodean los Reales Sitios fueron a menudo escenario del ocio infantil al aire libre. Además, desde finales del siglo XIX, la familia real organizó viajes de descanso al norte de España, a los palacios de Miramar (Donostia-San Sebastián), desde 1893, y la Magdalena (Santander), desde 1913, lo que propició también el ocio al borde del mar. Las fotografías tomadas en playas como La Concha o El Sardinero muestran que príncipes e infantes disfrutaban de «baños de ola» y juegos en la arena.
La reina Victoria Eugenia, educada en la corte británica y convencida de los beneficios de la práctica deportiva, fomentó en sus hijos la rutina del ejercicio físico a través del ciclismo, el tenis o el patinaje sobre hielo. En las Colecciones Reales se conservan diversos equipos deportivos, como patines o raquetas, y también ingenios mecánicos entre los que se encuentran barcos de vapor, que fueron empleados para jugar en estanques como el del Campo del Moro.
El mundo equino tuvo también un papel relevante para los niños y niñas reales; prueba de ello es la jamuga de Isabel II, o los índices de caballos de las infantas Beatriz (1909 – 2002) y María Cristina (1911 – 1996), en los que se apuntaban los nombres de sus yeguas y caballos.
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