Las primeras catas de evaluación por parte del Comité de cata del Consejo ya han comenzado en las distintas categorías, tipos de vinos y variedades que acoge la Denominación de Origen La Mancha. Tras la buena respuesta en participación en la anterior edición, con más de 300 muestras recogidas, las expectativas en cuanto a la calidad son significativas a juzgar por los parámetros de la uva entrante en bodega en la última vendimia de 2025 y las buenas impresiones del público asistente a la presentación de los vinos jóvenes en Madrid durante el pasado mes de noviembre.
Como ha recordado Ángel Ortega “además, para llegar a la cata final las muestras deben superar los 80 puntos y en categorías como los blancos Airén, los tintos jóvenes Tempranillo o los crianza el corte sube hasta los 85, y ya hablamos de vinos de muy alto nivel”.
Una cata final de este XXXIX Concurso a la Calidad de los vinos embotellados que se realizará presumiblemente a finales del mes de febrero, siendo la entrega de los galardones el primer jueves de marzo, día 5 en Alcázar de San Juan.
Ante el reto consumidor
El Concurso a la Calidad de los vinos embotellados con DO La Mancha se acerca a las cuatro décadas consolidándose como una cita ineludible para las bodegas manchegas. Su apuesta y vocación por llegar al consumidor final y canales de restauración llega en un contexto de claro retroceso en el consumo mundial de vino, marcado además por un cambio en el giro hacia vinos blancos, más frescos y de menor graduación.
Sin menospreciar la importancia histórica en la comercialización de los tintos manchegos (Cencibel o Tempranillo) esta tendencia actual apunta directamente a la sencillez de los vinos blancos Airén, cuya tipicidad, arraigo e identidad la sitúan ante una oportunidad histórica para el sector en los nuevos retos que plantea la coyuntura internacional.
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